Los “Anti-Vacunas”

vacunasLos “Anti-vacunas” son un grupo bastante extenso de personas reacias al uso de las vacunas. ¿Están equivocados? la respuesta es sí. Los “anti-vacunas” no solo ponen en peligro su propia vida sino la vida de los que los rodean, haciendo que enfermedades como el sarampión o la difteria reaparezcan muchos años después.

¿Sabías que el último caso de difteria en España fue en 1987? Sorprendente¿no?. La difteria es una enfermedad muy contagiosa que inflama los conductos respiratorios. Los seres humanos somos los únicos que las sufrimos. Su mortalidad ha variado mucho, en 1880 una epidemia que asoló Europa y EEUU mataba al 50% de los enfermos, luego, durante la Primera Guerra Mundial, solo el 15% de los afectados moría, gracias a los tratamientos con antitoxinas. Finalmente, en la Segunda Guerra Mundial, hubo una epidemia de 1 millón de casos y 50.000 muertos. Gracias a la inmunización, cada vez menos personas son contagiadas por esta enfermedad.

Hace ya un par de años, un grupo de padres “Anti-Vacunas” fueron llevados a juicio por negarse a vacunar a sus hijos, que habían creado en su pequeño colegio un brote de sarampión con más de 50 afectados. El juez nombró una inmunización obligada a todos los padres. Este es el mejor ejemplo para argumentar que ser un “Anti-Vacuna” no sólo es perjudicial para uno mismo, sino para los que los rodean, más si hablamos de niños, que van a un colegio con otros niños y personal docente.

“El último caso de difteria en España fue en 1987”

Los “Anti-Vacunas” defienden su postura diciendo que el cuerpo humano tiene que desarrollarse en su plenitud y las vacunas solo debilitan el sistema inmunológico y ralentizan el correcto desarrollo del ser humano. Los reacios a las vacunas están muy bien informados pero no es buena información. Lo único que hacen las vacunas es salvar millones de vidas todos los años, erradicar enfermedades letales y prevenir cualquier riesgo de infección. Además las vacunas consisten en inyectar pequeñas cantidades del virus contra el que se quiere vacunar para que el cuerpo desarrolle los anticuerpos necesarios.

¿Conclusión? Si hacemos caso al sentido común, la decisión es clara: vacunarse solo trae beneficios para nuestra salud y para la inmunización de grupo.

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