El misil nuclear de la Guerra Fría que pulverizó satélites

Una nube nuclear con forma de hongo

El septiembre de 1962 un memorándum extraordinario llegó al escritorio del primer ministro de Reino Unido, Harold Macmillan.

El documento confidencial detallaba la serie de acontecimientos que llevaron a la destrucción del primer satélite británico, el Ariel-1, un proyecto conjunto con Estados Unidos.

El satélite científico había funcionado perfectamente hasta que, repentinamente, dejó de transmitir información el 31 de julio, sin que nadie diera con una explicación razonable.

De inmediato los británicos procedieron a investigar el misterio del Ariel-1, sin imaginar lo que se ocultaba tras inesperada falla.

Un bochorno galáctico

El satélite era una misión conjunta con Estados Unidos. Había sido lanzado en abril de ese año para investigar la atmósfera de la Tierra y el efecto de la radiación de los rayos X provenientes del Sol.

¿Por qué dejó de funcionar sin explicación aparente?

El equipo de científicos designado para investigar comenzó a juntar las piezas del rompecabezas y no tardó mucho tiempo en dar con un elemento nada casual.

La fecha cuando el Ariel-1 dejó de funcionar fue justo el mismo día que Estados Unidos detonó una cabeza nuclear de 1.4 megatones, a 400 kilómetros de altura sobre el Océano Pacífico, como parte de un experimento llamado Estrella de Mar Suprema (Starfish Prime).

Lord Hailsham
Lord Hailsham escribió en prosa florida sobre el destino del Ariel-1 al primer ministro de la época.

La explosión originada –la prueba nuclear de gran altura más poderosa jamás efectuada- creó una onda electromagnética lo suficientemente fuerte como para distorsionar la comunicación global vía radio, y hacer estallar las luces del alumbrado público de las calles de Hawái.

Adicionalmente, creó un cinturón de radiación alrededor de la Tierra, que fue lo que aniquiló el Ariel-1.

La persona responsable de develar la situación fue Lord Halisham, quien escribió al primer ministro un memorándum considerado como una joya del lenguaje shakesperiano y florido.

Lo cual quizás era comprensible. Después de todo, era un tema delicado, una suerte de escándalo “familiar” originado por el mayor aliado político de Reino Unido.

En estado terminal

Al referirse al Ariel-1, Lord Halisham cuenta en dos páginas que “aunque herido gravemente en sus alerones solares, no está completamente muerto“.

“Transmite intermitentemente, algunas veces de manera ininteligible. Puede que mejore lo suficiente para decirnos algo de valor, aunque difícilmente pueda decir que va a ‘seguir viviendo tan felizmente'”.

Halisham sugiere en el documento que las pérdidas británicas por la destrucción del satélite fueron comparativamente menores a las de Estados Unidos, que puso una enorme suma de dinero.

Y además agrega que a pesar de su “muerte” prematura, ya que Ariel-1 había cumplido con su misión.

El satélite Telstar
Se cree que el misil también sacó de circulación al satélite pionero de comunicaciones, Telstar.

“Hemos obtenido un volumen de información invalorable durante su vida (corta, pero ni despreciable ni tosca)”, escribe.

“Antes del accidente transmitió durante unas mil horas, y al menos tomará un año analizar toda la información que nos ha dado”, puntaliza Halisham.

No es de extrañar que las máximas autoridades decidieran clasificar como secreto el documento.

La NASA, por su parte, optó por no decirle nada a Reino Unido del bochorno galáctico del 31 de julio.

El tema fue ocultado a la opinión pública durante 50 años.

¿Uso militar?

Ariel-1 no fue el único satélite afectado por la operación Estrella de Mar Suprema.

La prueba nuclear también fue acusada de dañar al primer satélite del mundo para transmisiones de televisión, el Telstar, lo cual le dio un giro inesperado al bochorno de la NASA.

Mientras Halisham mostraba su preocupación diciendo que “la verdadera moraleja de esta explosión a máxima altura es la necesidad de prohibir nuevas pruebas de este tipo”, los estrategas militares no pudieron evitar una suerte de sonrisita de satisfacción ante los inesperados efectos colaterales del estallido y su potencial como poderosa arma.

¿Puede un arma nuclear o electromagnética ser utilizada para desactivar satélites, interrumpir las comunicaciones del enemigo o sus sistemas defensivos? ¿Se puede desconectar satélites de espionaje?

O incluso, ¿puede afectar el funcionamiento de la infraestructura eléctrica en la zona geográfica que se elija?

Un año después de Estrella de Mar Suprema, los principales actores en la carrera nuclear acordaron no hacer pruebas de esa naturaleza.

“La capacidad de las armas electromagnéticas es ampliamente conocida”, comenta Elizabeth Quintana, directora de ciencias militares en el Royal United Services Institute, una reconocida organización ubicada en Londres. “Sin embargo, están en los inventarios militares”.

Están diseñadas para ser desplegadas por tierra o aire, y pueden infringir daño en todos los sistemas eléctricos de una zona específica, interrumpiendo -por ejemplo- el funcionamiento de los radares de un país.

Aparte de los temores relacionados con los daños colaterales, una de las mayores preocupaciones relacionadas con el uso de este tipo de armas es que su efecto no se detecta directamente.

Cuando activas una bomba, es bastante obvio el daño que ocasionaste, pero es mucho más difícil de medir cuando usas un arma electromagnética“, dice Quintana.

Escudos radioactivos

Aunque mucho se ha discutido sobre el temor de que este tipo de armamento prolifere en el espacio, Quintana no está muy convencida de que esto vaya a pasar.

“Ha sido una amenaza realmente exagerada”, señala.

El espacio ya es un ambiente hostil desde el punto de vista electromagnético, con satélites y naves espaciales siendo continuamente bombardeadas por rayos cósmicos y partículas provenientes del Sol.

A juicio de Quintana, un arma electromagnética o EMP (por sus siglas en inglés), incluso si se parece a la Estrella de Mar Suprema, tendría un efecto adicional menor sobre los satélites modernos, que han sido fortalecidos para soportar la radiación del ambiente.

Satélites
Hoy en día los satélites forman parte de muchas actividades de nuestra vida cotidiana.

“Una agresiva tormenta solar puede apagar la infraestructura espacial. Por eso,todo el sistema espacial que está en órbita posee escudos que los protegen hasta cierto punto de la radiación solar“, explica Quintana.

Otras formas de atacar

Aunque la Estrella de Mar Suprema destruyó los primitivos dispositivos espaciales de la época, hay tecnología más barata y efectiva para neutralizar los modernos sistemas satelitales.

Por unos US$20 puedes comprarte un dispositivo que bloquea equipos de GPS. De manera ilegal –o semi legal en algunos países- puedes neutralizar localmente las señales débiles de un sistema de navegación.

Estos equipos son muy populares con taxistas, que los utilizan para moverse en las ciudades sin que sus controladores sepan dónde están, y han ocasionado serios problemas en aeropuertos alrededor del mundo, por cuanto interrumpen inadvertidamente los sistemas de GPS que usan los pilotos al momento de aterrizar.

Las comunicaciones satelitales también pueden ser alteradas cuando se apunta directamente un rayo de radio hacia ellas. Recientemente la señal de televisión del servicio persa de la BBC fue bloqueada por Irán con esta técnica.

“Escoge un país de Medio Oriente que esté en conflicto y probablemente encontrarás que ese país está tratando de neutralizar los satélites comerciales, para prevenir que mensajes de sus adversarios sean transmitidos”, comenta Quintana.

Los misiles son una amenaza más importante que las ondas electromagnéticas.

En ese sentido, hay evidencia que demuestra que China ha desarrollado un sistema de rayos láser para enceguecer satélites espías que orbitan sobre su territorio.

Una lección aprendida

Estrella de Mar Suprema fue una terrorífica demostración del potencial de un arma de destrucción masiva.

Pero la realidad es que si el objetivo es bloquear o neutralizar satélites en órbita, hay formas más fáciles de lograrlo.

Son tan directas que por eso hay una preocupación general al respecto, dada la dependencia que se tiene de los satélites en nuestra vida diaria.

En cuanto a Lord Halisham y su memorándum, no todo fue un fiasco destinado a décadas de secreto.

Un año después del episodio del Ariel-1, obtuvo lo que en el fondo más deseaba: en 1963 Estados Unidos, Reino Unido y la entonces Unión Soviética firmaron un acuerdo que prohibía la realización de pruebas como las de la Estrella de Mar Suprema.

Y su comunicado también obtuvo una amable respuesta por parte del primer ministro: “muchas gracias por su espléndida minuta”.

Acto seguido la enviaron a una bóveda secreta por 50 años.

Fuente| BBC

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